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Gatoperro

GATOPERRO

Criado musicalmente en la escena vallisoletana David Llosa (Valladolid, 1979) lidera en los primeros dosmiles diferentes bandas como La Isla, Piel roja, La fuga de la iguana entre otras, en las que va puliendo su estilo guitarrístico, vocal y compositivo.
Afincado ya en Madrid arranca desde 2010 una nueva etapa con su actual proyecto Gatoperro. Con él ha publicado tres discos: “David Llosa es el Gatoperro” (2010), “Noches alegres, mañanas tristes” (2013) y “Juglar”(2015) con los que ha obtenido el beneplácito de público y prensa especializada, gracias a la honestidad y carisma de una producción en la que brillan unos textos de altos vuelos y un discurso inquebrantable. En sus discos y directos ha contado con la participaron músicos de la talla de José “Niño” Bruno, Luca Frasca, Josu García, Begoña Larrañaga, Santi Comet o Andy Chango entre otros.
Tres años después de aquel “Noches alegres, mañanas tristes” (2013), David Llosa encontró junto al mar el sosiego necesario para parir un trabajo de sorprendente madurez y regusto clásico. La producción corre a cargo del veterano guitarrista Josu García (Loquillo, Sabina, M-Clan). Una producción discreta en el mejor de los sentidos, atemporal, pero pródiga en detalles y timbres, para trece cortes que exploran las fronteras entre el rock, el folk bastardo y la canción popular. Destellos de songwritter, letanías alucinadas, bolero western-mediterráneo, baladas borrascosas, galope urgente y medios tiempos de rock y guitarras encarnan esta versión evolucionada y ampliada de Gatoperro. El hedonismo festivo y autodestructivo de su anterior referencia salen de escena y en su lugar encontramos una amargura de terciopelo, un desencanto irreductible, que araña a la vez que seduce. Se baja la velocidad para ganar en intensidad. Ya no se busca placer, sino redención. Y a pesar de su crudeza, “Cowboys” respira una mayor humanidad que aquel “Noches alegres, mañanas tristes”, donde todo el mundo quedaba malparado. Aquí los pobladores de las canciones aparecen dotados de cierta dignidad, aun en la derrota, cierta heroicidad minimalista. El propio Gatoperro apuntala esta idea: “Yo, cuando hablo de “cowboys”, no pienso en John Wayne. Me refiero más bien a los verdaderos vaqueros de finales del siglo XIX, que seguían dedicándose a un oficio que era a la vez una forma de vivir, pero que ya no tenía sentido, porque el ferrocarril había llegado y ya no eran necesarios. Ellos arreaban ganado montados en sus caballos, nosotros sacamos vinilos”.

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